Homenaje a Gran Logia de Chile en su 140º aniversario
El señor CANTERO (Vicepresidente).- Honorables colegas, distinguidos
visitantes, en nombre del Senado de la República de Chile, saludo
en forma muy especial al Gran Maestro de la Gran Logia de Chile, señor
Jorge Carvajal Muñoz; al Soberano Gran Comendador, señor
Floreal Toledo Villarín; al ex Gran Maestro señor Marino
Pizarro Pizarro; a los Altos Dignatarios; a los Altos Oficiales, y a todos
los miembros de la Gran Logia de Chile.
Con ocasión de cumplir 140 años de existencia, el Senado
de la República, que encarna la amplia diversidad y pluralismo
del país, acordó rendir homenaje a la obra y trascendencia
histórica de la Orden Masónica, que en Chile inició
sus actividades regulares en la ciudad de Valparaíso, el 24 de
mayo de 1862, a través de la Gran Logia de Chile.
Algunos rasgos históricos
La historia de la Masonería arranca desde la bruma del tiempo
y del pasado de la humanidad, siempre intentando descubrir el orden del
universo y de construirlo en la sociedad.
La Masonería universal reconoce dos etapas de desarrollo: la esotérica,
que nació con la acumulación de cosmovisiones en las primeras
civilizaciones, y luego, la Masonería especulativa o moderna.
En la Baja Edad Media, los gremios guardaban el conocimiento del arte.
Al lado del sitio de construcción de las grandes catedrales se
erigía una habitación provisoria, que servia de lugar de
trabajo para trazar planos y tareas administrativas, como también
para que comieran y durmieran sus miembros, con la observancia de normas
de seguridad. Esas habitaciones se llamaron "logias", nombre
que ha perdurado y con el que se denomina actualmente al lugar de reunión
y al conjunto de los miembros de un taller.
Con la difusión del conocimiento en el Renacimiento, se atrajo
a la seguridad de las logias un amplio espectro de individuos de espíritu
inquieto, para trabajar cubiertos de las corrientes de intolerancia remanentes
de la Edad Media que amenazaban su seguridad.
En ese contexto, el 24 de junio de 1717, masones especulativos formaron
la primera Gran Logia de Londres. Y desde allí la Masonería
se extendió al mundo entero, irradiando su acción hacia
toda la sociedad.
En la convergencia de los movimientos racionalistas en el siglo XVII destacan
Descartes, con la formulación de su método, su moral provisional,
la metafísica y la física; Spinoza, con la reforma del entendimiento,
de la religión y la política; Leibniz, que trabaja la idea
de la armonía. Su método es educativo-matemático,
su pensamiento, ecléctico. Otra vertiente es el empirismo, en que
la gnosis pasa a ser conocimiento de ideas y abarca finalidades prácticas
al preocuparse de problemas éticos, políticos, reli-giosos,
etcétera. Entre sus representantes destacan Hobbes, Locke, Berkeley,
Newton, Hume, Kant
La ilustración postuló, entre otros, el derecho a la libertad,
a la igualdad, a la propiedad, a la vida, a la solidaridad. Entre sus
mis preclaros exponentes cabe mencionar a Voltaire, Montesquieu, Rousseau,
Diderot; y en la época contemporánea, el positivismo fundado
por Augusto Comte, o el existencialismo, cuyo precursor fue Sören
Kierkegaard.
La Francmasonería
Se la define como una institución universal esencialmente ética,
filosófica e iniciática, fundada en el sentimiento de la
fraternidad.
Como institución docente, tiene por objeto el perfeccionamiento
del hombre en el medio en que vive y convive, y el de la humanidad en
general. Promueve entre sus adeptos la búsqueda incesante de la
verdad, el conocimiento de sí mismos y de la persona, proponiéndose
alcanzar la fraternidad universal del género humano.
Ya nadie mira a la Masonería como una secta o como una sociedad
secreta. Por el contrario, sus dirigentes y direcciones son de conocimiento
público en nuestro país. Y hoy, sus más altos dignatarios
nos acompañan desde las tribunas del hemiciclo.
Tampoco puede considerarse como un partido o movimiento político,
ya que aleja de sus templos las discusiones de política partidista
y, además, todo sectarismo. Exalta la virtud de la tolerancia,
el rechazo de toda afirmación dogmática y todo fanatismo.
Renuncia a imponer a sus miembros una determinada creencia o convicción
partidaria o religiosa, respetando la decisión soberana de cada
cual y su derecho y libertad para expresarla y defenderla.
En sus escritos y declaraciones propugna los postulados de Libertad, Igualdad
y Fraternidad. En consecuencia, combate la intolerancia, los privilegios
y toda forma de tiranía y discriminación. La libertad que
promueve no es sólo la externa, sino también la interna,
en que el ser humano conquista su propio albedrío a través
de la educación, el aumento de su cultura y su autonomía
para compartirla con las demás personas. Aspira a construir una
patria cada vez mejor, en que imperen la democracia, la justicia, la razón
y el amor a la humanidad; la igualdad de oportunidades, para ser cada
vez mejores en el sentido y contenido de la doctrina filosófica
meliorista, según la cual el mundo no es ni radicalmente
malo ni absolutamente bueno, sino que puede superarse. Por consiguiente,
a este ser humano le corresponde mejorarse, para que de ese modo pueda
perfeccionar el mundo en que vive y convive, el cual es susceptible, a
su vez, de ser perfeccionado indefinidamente.
La fraternidad, de la mano con la solidaridad, fundamentalmente consiste
en dar, más que en recibir. La Orden Masónica se concibe
a sí misma como un centro de unión para los hombres de espíritu
libre, de todas las razas, nacionalidades y creencias religiosas, propugnando
con especial énfasis el respeto a la libertad de conciencia, dejando
a cada cual decidir sobre su concepción de Dios y sosteniendo una
ética desligada de lo sobrenatural, que identifica con el laicismo,
exigiendo la neutralidad del Estado frente a las opciones religiosas.
La Masonería, a través de sus miembros, aspira a proyectar
sobre la sociedad la acción beneficiosa de los valores e ideales
que sustenta, y en la historia de América no han sido pocos sus
aportes. Cabe recordar, entre ellos, a grandes luchadores por la independencia
de los distintos países del continente, como George Washington,
Benjamín Franklin, el marqués de La Fayette, Francisco Miranda,
José de San Martín, Simón Bolívar, Antonio
Sucre.
En Chile se reconoce la patriótica acción de otros que,
habiendo sido iniciados en Europa -donde se educaban- o en Ar-gentina,
contribuyeron al esfuerzo común del proceso emancipador, como Bernardo
O'Higgins, José Miguel Carrera, José Ignacio Zenteno, Juan
Gregorio Las Heras, Fray Camilo Henríquez, todos miembros de la
Logia Lautarina.
La Masonería en Chile
En nuestro país, la Masonería tiene su primera expresión
en "Filantropía de Chile". Abrió sus puertas en
marzo de 1827 y su primer Venerable Maestro fue don Manuel Blanco Encalada.
Con posterioridad, con el Movimiento de 1842, surgieron la Sociedad Demócrata,
la Sociedad Caupolicán, el Club de la Reforma y la Sociedad de
la Igualdad (esta última liderada por Santiago Arcos y Francisco
Bilbao), que estimularon la soberanía de la razón. Aunque
estas agrupaciones no actuaron como logias regulares, estuvieron inspiradas
en principios y valores masónicos.
Aun cuando la Masonería es universalista, cada Gran Logia es independiente
y soberana en su respectivo territorio jurisdiccional. De allí
que el 24 de mayo de 1862 se fundara la Gran Logia de Chile, que deriva,
por filiación directa, de la Gran Logia de Londres.
La Masonería chilena se ha sentido indisolublemente ligada a la
historia de la República, ya que concibe la democracia como connatural
al espíritu masónico, por lo que muchos de sus miembros
han ejercido la representación soberana del pueblo como destacados
parlamentarios. Otros han gobernado el país. Entre éstos
destacan: José Miguel Carrera, Bernardo O'Higgins, Manuel Blanco
Encalada, Ramón Freire, Aníbal Pinto, Juan Esteban Montero,
Arturo Alessandri Palma, Carlos Ibáñez del Campo, Pedro
Aguirre Cerda, Juan Antonio Ríos Morales, Gabriel González
Videla y Salvador Allende Gossens.
A lo largo de la historia nacional han concurrido a los talleres de la
Orden destacadas personalidades del país, tales como Eduardo de
la Barra, Juan de Dios Arlegui, Guillermo y Manuel Antonio Matta, Angel
Custodio y Pedro León Gallo, Diego Barros Arana, Ramón Allende,
José Francisco Vergara, Enrique Mac-Iver, Aníbal Pinto,
Juan Williams Rebolledo, José Tomás Urmeneta, Estanislao
del Canto, Juan José Latorre Benavente, los hermanos Luis y Patricio
Lynch, Manuel Tomás Thompson, Emilio Sotomayor, Arturo Merino Benítez,
entre muchos otros que sería largo enumerar.
Miles de masones han hecho y hacen su aporte al país desde distintos
campos de acción, contribuyendo significativamente a la construcción
y desarrollo de nuestra República. La Orden Masónica enseña
a sus miembros que su deber es mantenerse en un lugar de avanzada en el
proceso integrador y evolutivo del ser humano. Así también,
promueve en ellos el amor a la patria, el respeto a la ley y a la autoridad
legítima del país en que viven, contribuyendo al progreso
social, económico, moral e intelectual de la sociedad. Les advierte
el deber de respetar la opinión ajena y defender la libertad de
expresión, y los compromete en el anhelo de unir a todos los seres
humanos en la practica de una moral universal que promueva la paz y el
entendimiento y elimine los prejuicios de toda índole.
Destacados miembros de la Orden Masónica en Chile sumaron sus esfuerzos
a numerosas obras de bien público y contribuyeron visionariamente
a su creación u organlzación, Entre otras, cabe mencionar
la creación de los colegios laicos, el Cuerpo de Bomberos, la Cruz
Roja, la Asistencia Pública, los Boy Scouts, los Clubes Rotarios,
etcétera.
También han dejado su impronta en la adopción de las leyes
de cementerios laicos, de Registro Civil, de Matrimonio Civil, de Instrucción
Primaria Obligatoria, de jubilación.
En la Constitución de 1925 impulsaron la separación de la
Iglesia y del Estado. Sus esfuerzos se volcaron en la Ley de Libertad
de Culto, del Seguro Obrero, del voto femenino; en la fundación
de las Universidades de Chile, Técnica del Estado, de Concepción,
de la República, entre otras. Hoy ocupan puestos de avanzada en
la perfección de las leyes de Matrimonio Civil, la supresión
de la censura, los derechos humanos, los derechos reproductivos, etcétera.
Los grandes desafíos del nuevo siglo
Enfrentamos hoy un mundo de crecientes incertidumbres, con cambios vertiginosos
y profundos de alcance global. Emerge la sociedad del conocimiento, con
su revolución en las tecnologías de la información
y las comunicaciones. El ser humano desarrolla competencias insospechadas
al manipular el átomo; intervenir en el cosmos; alterar el ecosistema
mundial; invadir el genotipo, área que pensábamos privativa
de Dios.
La sociedad que emerge nos presenta un exacerbado sentido de la individualidad
de las personas; se extiende un sentido mercantilista a diversas dimensiones
del quehacer humano; se propagan las desigualdades sociales y territoriales;
resurgen expresiones de intolerancia y violencia.
Se presentan inquietantes amenazas para la humanidad; pero al mismo tiempo
surgen grandes oportunidades. Para su aprovechamiento se requiere una
adecuada decodificación del sentido de los tiempos y de los cambios
en la sociedad. Es preciso comprender los requerimientos y transformaciones
que debemos emprender, tarea a la que todos estamos llamados, y ninguna
institución o grupo puede sentirse exento de esta responsabilidad.
El actual no es tiempo de sospechas o exclusiones. La magnitud de los
desafíos que enfrentamos demanda una visión nacional, moderna
y renovadora que, superando antiguos prejuicios, forje una acción
mancomunada y generosa tras el objetivo común de aprovechar para
Chile y su pueblo las oportunidades que esta nueva era nos ofrece.
Junto a las demás instituciones de la República, como en
el pasado, la masonería puede reclamar su lugar en este desafío,
y aportar su visión de una sociedad antropocéntrica, inspirada
en el humanismo, la libertad, la justicia, la solidaridad, la tolerancia
y el laicismo, para la construcción de la paz entre las personas
y entre los pueblos, para alcanzar un mundo en que se imponga la fraternidad,
el respeto, en que todos seamos más humanos y más hermanos.
Exhortación final
El mundo que emerge ante nuestros ojos y la nueva sociedad demanda de
todos los hombres y mujeres de buena voluntad la formación de una
sólida cadena, en la que cada cual desbaste la piedra para construir
el templo vivo y trascendente. Deberemos continuar todos juntos la senda
trazada por quienes nos precedieron en la consolidación de la República,
en el afianzamiento de las instituciones democráticas, en el respeto
de todas las ideas y credos.
Al finalizar estas palabras, quizá innecesariamente extensas, pero
motivadas por el común sentimiento de hermandad, deseo a la Orden
Masónica, vuestra, nuestra y de Chile, que la salud, la fuerza
y la unión sean la amalgama que le oriente hacia objetivos comunes
y de grandeza para Chile y su pueblo.
He dicho.
-(Aplausos en las tribunas y en la Sala).
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